viernes, 9 de abril de 2010

La Monalisa es Mickey Mouse

"La tecnología ha cambiado drásticamente el comportamiento de las personas". Por mi trabajo, esta frase la he escuchado y le he dicho montones de veces. El internet, la web 2.0, los celulares, la fotografía digital. Ya no recibimos información, sino que somos información. Un montón de frases y discursos que suenan bien y que nos ayudan a parecer interesantes y coherenetes a la hora de hablar del mundo moderno. Pero en la vida diaria, ¿cómo se vive esto? Probablemente de muchas maneras y a todos, en algún momento, nos ha tocado de alguna forma. Pero lo que me llama la atención y me motiva ha escribir hoy, es cómo las fotos digitales se han metido en nuestra vida cotidiana y se han vuelto nuestro escape y nuestro nuevo karma. Hoy en día todos tenemos una o varias cámaras digitales y parece que tomar fotos de todo lo que se nos pasa por en frente es nuestra nueva obsesión. Una carrera ansiosa, por guardarlo todo, por no perderse nada y tener un registro minucioso de los momentos importantes o memorables. ¿Pero que es importante y memorable hoy? tristemente, parce que todo.

Recuerdo con nostalgia y un poco de romanticismo la época en la que tomar fotos era una tarea preparada y consciente, que generaba ilusión y expectativa. Buscar dónde comprar un rollo, tener sólo derecho a tomar 24 o en el mejor de los casos 36 fotos, estudiar detalladamente a lo que se le iba a disparar, preparar el mejor ángulo o la mejor pose, y esperar a tener tiempo para mandar revelar, hasta finalemte poder tener ansiosamente ese sobre de papel en la mano y empezar a sacar fotos una a una con sorpresa o con decepción. Ni hablar de la emoción que nos produjo a todos el "revelado en 1 hora". Y si se estaba de viaje, ahorre rollo, porque no se sabe dónde vendan más película.

Asistimos a una época en donde los flashes recurrentes, ya no son más propiedad de las celebridades. A todos nos ha pasado que estamos de rumba o en un restaurante y de pronto empiezan a aparecer flashes de la nada, como si en la mesa de al lado estuviera un Tom Cruise criollo, con paparazzis disfrazados de meseros. ¿En cuántas fotos de desconocidos habremos aparecido montones de veces por puro accidente? El otro día encontré unas fotos mías en mi celular, posando afectuosamente, tal vez producto de unos tragos de más, con un grupo de desconocidos en una rumba en Armando Records. ¿O que tal ahora que los sitios más absurdos como los centros comerciales, parecen locaciones exquisitas de turistas y desocupados? A mi me ha pasado muchas veces que tengo que parar de caminar, porque me doy cuenta que si paso, me meto en la obturación de un familia entera, posando para una cucaracha gigante o para una baranda dorada del centro comercial Andino.

¿Qué pasará con todas esas miles o millones fotos que se toman diariamente en todo el mundo? Algunas pasarán a Facebook o a Flickr me imagino, pero asumo que la mayoría se quedan encerradas en discos duros o memorias portátiles como baúles digitales de recuerdos. Hace poco yo tuve que comparar un disco duro externo para guardar montones de fotos que ya estaban acabando la potencia y capacidad de mi computador personal. Me gustaría conocer las cifras de las personas que imprimen o por lo menos vuelven a ver las fotos que toman. ¿Cuál será el número de personas que baja las fotos que toma con el celular al papel, o por lo menos al computador? ¿Usted alguna vez lo ha hecho?

Lo mejor para hacer esta observación y esta reflexión son los viajes. Es que parece que las cámaras fueran una extensión más del cuerpo y como si la visión o la memoria ya no fueran suficientes por sí solas. Como si necesitáramos de un lente por encima de los ojos para garantizar que sí fuimos. Para probar que sí estuvimos ahí y que sí lo vimos. Me aterran esos personajes que nos se despegan ni un segundo del visor, como haciendo un registro angustioso de todo lo que hay. ¿Será que nos se dan cuanta que la vida es más bonita sin una lente por delante? Me pregunto si muchas de esas personas realmente aprovechan el viaje o si su preocupación frenética por que la cámara no se pierda nada, nos los deja apreciar lo que tienen en frente. Y es que es hasta divertido ver cómo la gente le dispara a todo: a lo histórico, al arte, al ícono, a lo curioso, a lo feo, a lo bonito, a la mesa, al cubierto, al andén, al charco, al bombillo. Una vez me llamó la atención un gran grupo de turistas, que en vez de tomarle fotos al monumental templo griego que tenían en frente, le tomaban fotos al pasto. Cuando me acerqué, descubrí que habían salido a tomar sol unas tortugas y habían desplazado por completo a Atenea y sus historias maravillosas. Creo que muchos museos y sitios históricos han desistido en prohibir cámaras y flashes, simplemente porque es imposible controlar el número y sofisticación de estos artefactos. En la Capilla Sixtina por ejemplo, me tocó presenciar la furia de varios guardias y hasta una alarma de seguridad para detener a los cientos de turistas como yo tomando fotos.

Pero lo que me pareció más curioso y hasta divertido, es que la única vez que he estado en el Louvre, hace ya casi dos años, parecía que la Monalisa no era importante si uno no salía en la foto con ella. Igualito que ir a Disney y obligatoriamente tener que tomarse una foto abrazando a Mickey Mouse.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy de acuerdo contigo, lastimosamente en la actualidad hemos cambiado mucho nuestra manera de ver las cosas y también nuestras propias acciones. Y me pregunto mucho cuando veo la cantidad de gigas en fotografías acumuladas... al final que hago con todo eso?. Compartimos algo en las redes sociales o en los blogs de fotografías, pero al final seguimos llenándonos de información, esta es la era de guardar y guardar bytes de fotos, música, archivos y cualquier clase de tonterías. De nuestros abuelos heredábamos baúles llenos de cosas con valor, sentimientos y cargado de recuerdos. Cuando tengamos que heredar algo a nuestros hijos, que dejamos?.. un disco duro!!. Patético, frío e insensible. Como extraño los albums de fotos...

Daniel dijo...

está mal que la gente tenga ansiedad de recordar donde estuvo? y que hizo? a mi me parece que la fotografía digital permite vivir en un mundo más rápido en que las fotografías son ilimitadas. Así me gusta más. :D